2022

 

Por fin te pudimos ver
con Carey en tu zancada
cuando una luz azulada
se llena de atardecer.
Por fin te podemos ver
sin límites ni distancias
sobre tu elegante estancia
de cerámica trianera.
Déjanos siempre a tu vera
contemplando tu prestancia.

Nacimiento en mi Casa


En mi Casa, de Triana,
con mis hermanos pequeños,
he presenciado, risueño,
la inocencia que derraman.
En la tradición cristiana
de un viviente Nacimiento,
con su esfuerzo y su talento
ellos han hecho Hermandad,
dejando con claridad
que están fuertes los cimientos.

Entre ensayo y pandereta
el Adviento ha transcurrido
y su fruto han ofrecido
en representada meta.
Bajo una esquina coqueta
de un coro bien adornado,
su aportación han dejado
con sus pequeñas figuras,
pero grande la estatura,
de sus almas sin pecado.

Orgulloso del pasado,
y mucho más del futuro,
se ha sentido algún maduro
con lo que habéis demostrado.
Y en gesto disimulado
en la oscuridad del Templo
han secado sentimientos
orgullosos de Hermandad.
Se ha llenado de Verdad
vuestra Casa con un sueño.

Tú sabes...

 

Tú sabes, Señora mía,
que no te tengo "olvidá",
lo que pasa, es que en Tu Día,
tengo mi alma "encastrá"
en la calle de Castilla,
donde a los pies de su Altar,
la Expectación de los Cielos
deja a mi rezo acercar.

Pero cada dieciocho
de diciembre, sin faltar,
busco un hueco, y una Salve,
y te voy a visitar,
a decirte junto a un Arco,
que es tu Puerta Celestial,
que cuanto más años pasan,
más Guapa para mí estás.

Y que Sevilla en tu Cara
tiene la Gloria "ganá"...
Y que sin Ti no hay sentido
en toda la cristiandad...
Y que bendita la hora
que bajas desde tu altar
para repartir consuelo
a todo al que hacia Ti va...
Y que sonríes y lloras
como nadie nunca hará...
Y que sin Ti no habría Credo,
ni Pasión, ni eternidad...
Y que dichoso me siento
cuando me acerco a mirar
la belleza, que en Adviento,
entre un gentío singular,
la Madre de Dios me ofrece
para poderale resar.

Después, me voy "pa" Triana,
donde yo tengo "encastrá"
dentro de una "O" mi alma
por cuna, y por voluntad.

Y todo esto, en Sevilla...
El Cielo, puede esperar.

Otro Adviento en Triana

 

Otro año tu presencia
en el suelo de tu templo
para detener el tiempo
en este barrio trianero.
Otro Adviento tu clemencia
como Reina Inmaculada
regalando en tu mirada
otro trocito de Cielo.

Otro frío de diciembre
para calentarse en Ti,
soñando un nuevo Venir
del Salvador de este mundo,
que otro año, como siempre,
se engendrará en la ternura
de la más Pura Criatura
por el Amor más fecundo.

Otra vez, un nuevo encuentro
absortos en tu belleza,
mientras con delicadeza
tu mano será besada.
Serás de nuevo epicentro
donde se arrime tu gente
y sus miserias caliente
en el fuego de tu Cara.

Otro rezo contenido
de suspiros y añoranza,
recordando en tu semblanza
a quien nos cantó una nana.
Otro Adviento sostenido
por piropo, cera y flor.
Otra vez el Redentor,
nos nacerá por Triana.

Sueño de Adviento

 

Soñé Presbítero con flor
y Virgen de Manos buscadas.
Soñé guapura en cascada
desde una Cara de amor.
Soñé escuchar una O
desde las coplas de un coro
guardadas como tesoro
en una historia cercana.
Soñé con una Triana
que me entraba por los poros.

Nueve de diciembre

La tarde se presenta sosegada
en la segunda cita que te ofreces.
En ella, en su luz, quedan las preces
directas en la Luz de tu mirada.

La luz se muestra en Ti más reposada.
El nardo que da olor, aún más florece.
El beso hacia tu mano, decrece
y es mucho más pausada su llegada.

Ocaso recordando azahares
en tarde con sabor a despedida,
soñando en otro Adviento, días iguales

para otra vez, dejar en tu plañida,
las penas y miserias que Tú sabes
curar en esta tarde que me miras.

En menos de dos semanas

 

En menos de dos semanas
se nos abrirán los cielos
y oiremos temblar el suelo
por toda la Resolana.
En menos de dos semanas,
nos correrá por las venas
un calor de Gracia plena
al sentir su respirar,
cuando baje de su altar,
la Esperanza Macarena.

Soneto de Esperanza y Vida

 

Nació en Coronación, quince años tiene,
y brota vida nueva por sus pieles;
la de más de doscientos churumbeles
que dejan sus sonrisas cuando vienen.

El nombre de la Virgen, lo sostiene.
Y la "Esperanza y Vida" de sus fieles
procura que sonrían cual cascabeles
mujeres que de vida nos la llenen.

Evangeliza con amor sincero,
y siempre dará frutos la cadena.
El resto son adornos al sendero.

Derrama tu cariño a manos llenas
y encontrarás a padres extranjeros
que llaman a su hija: Macarena.

Diciembre

 

Llegas como siempre, con olor a matalahúva en los alrededores de los conventos, frío mañanero y atardeceres cortos muriendo por La Barqueta. Llegas con ropas inmaculadas ataviando a las Dolorosas. Y en trajes de seises, que reposan preparados para una danza  de Novena eterna perdida en los tiempos. Llegas con atrios de un encuentro siempre deseado el día ocho por Alfonso XII envuelto en Gozos de Clarines y coplas de Miguel Cid y el día 18, en La Resolana, donde la Esperanza del mundo hará de nuevo temblar la tierra cuando se pose sobre el presbiterio a hechizar a todo aquel que consiga fijar la mirada en su entrecejo. Y el mismo día, una mezcla de olores entre inciensos y alhucemas con un fondo musical de villancicos trianeros por la calle Castilla, me llevarán a la Expectación de mis devociones y a los recuerdos de una infancia y juventud convertidos ya en una larga vida junto a Ella: la Vocal más hermosa del abecedario.

Llegas con olor a corcho y musgo, pidiendo a gritos salir de su caja de cartón para formar montañas por dónde irán bajando y acercándose poco a poco hasta el serrín del pesebre del Portal los tres Magos, para disfrute de la princesa y el príncipe de la familia... y de los que los miramos.

Llegas con deseo de vacaciones escolares llenas de ilusión infantil, que terminarán, después de que lo hagas tú, con una de las noches mágicas del año rematada de un amanecer de sorpresas y falta de sueño.

Llegas como siempre: lleno de Adviento y de Navidad, de frío y dulces, de recuerdos y ausencias, de ilusión y nuevos miembros en la familia… Seas por siempre bienvenido, diciembre. Y que el año que viene, si puede ser, el Adviento de tu llegada esté aún más lleno de Esperanza.

Ojeadores

Suelen acudir en grupo. En el frío inmaculado del ocho de diciembre y tardes de Adviento, se pasean buscando besamanos que llevarse a la boca, ataviados con sus bufandas de colorines. Van con los ojos abiertos de par en par para que no escape un detalle que criticar. Se plantan irreverentemente delante de las Imágenes buscando cabezas de alfileres y pliegues de blondas con algún defecto. Con las manos metidas en los bolsillos del chaquetón, analizan de arriba a abajo a la sagrada imagen de turno, como el que está viendo a la Dama de Elche. Con un ligero movimiento de cabeza y una barroca expresión de manos, sentencian al vestidor y al prioste, mirando en su explicación al compañero de viaje el cual, con la misma irreverencia, no duda en asentar la opinión oída con otro leve movimiento de cabeza.

Y sin santiguarse, ni un Ave María, buscan un cirio torcido o un ramo de flores con un capullo de menos para después, volverse, y en su retirada, pasar el dedo por algún altar del templo donde acabar su inspección.

¡Manda cojones! Hay besamanos, o mejor dicho, hay Imágenes, que cualquiera de nosotros tenemos en mente, que cuando están de besamano, entra uno a verlas y, al menos un servidor, cuando sales no te has fijado ni en el color del manto; sólo te has quedado con Ella, y si acaso, con el aura que desprende su belleza, su categoría artística y devocional y su historia. Te olvidas de lo anexo, sólo rezas, que es para lo que fueron creadas. Sin embargo, están estos “ojeadores”, que emplean un tiempo en ellas que sería más conveniente que se lo dedicaran a los maniquís de algún escaparate.

Receta

 

En estos días de gentío
mi paseo se ve alterado
por guiris aborregados
que no saben donde ir.
Para quitarme del lío
de chanclas con calcetines
me alejo de sus trajines
olvidando su rugir.

Disimulando mi escape,
busco la paz y el sosiego
que a modo de cortafuego
me ofrece su bella estancia.
Allí, agradezco el rescate
y envuelto en ambiente estanco
me prendo al Silencio Blanco
de su estampa de elegancia.

Hoy os doy esta receta
a los que por el centro andáis
hartos, y necesitáis
un sorbo de paz y calma:
Busca la ruta secreta
que va por calle Regina
y cuando dobles su esquina,
entra en San Juan de la Palma.

Presbiterio de noviembre

 

Cuando el sol de noviembre,
con su luz mortecina,
retalla las esquinas
en ocasos en calma,
la Amargura desciende
ofreciendo sus manos
a modo sevillano
en San Juan de la Palma.
 
Cuando el otoño aprieta
sus contraluces ocres
golpeando cual azotes
las espadañas blancas,
el sol por la Barqueta
se piensa el esconderse
sin ir de nuevo a verle
y rendirse a sus Plantas.
 
Cuando se va acabando
ese tiempo difunto
de recuerdos adjuntos
a negras vestiduras,
nos llega destellando
el alivio sereno
que en un perfil moreno
desprende su Amargura.
 
Cuando aún el recuerdo
de su embroque en convento
nos llega, en el encuentro,
para besar sus manos,
se nos escapa el verbo
posándose en su Cara
soñando la luz clara
de otro Domingo de Ramos.

Buscándote


De nuevo andaré buscando
tu encuentro en la anochecida,
por las esquinas perdidas
que vas con tu andar callando.

De nuevo iré venerando
tu dulce y tierna mirada;
la que a modo de llamada
tu Hijo te solicita
y con su mano bendita
busca acariciar tu Cara.

Otra vez iré buscando
por calle Feria tu aroma
que perfumando se asoma
por una ojiva brotando.
Un aroma desafiando
a un otoño de alhucemas,
que en tus pestañas morenas
se rinde ante tu hermosura
y rozando tu blancura
se convierte en primavera.

Encontraré otro año
tu nacarada dulzura
que derrama la finura
de tus perfiles de antaño.

Y bien sé, que el desengaño,
no llenará esos momentos,
de todos esos encuentros
de los que llevamos tantos...

Tú en ellos, siempre has vencido,
Reina de Todos los Santos.

Tu Valle

 Tu Valle es asidero
que encuentra el que traspasa
la puerta de tu Casa
de hermosa Anunciación,
y haya el hospedero
verdor de tu mirada
en la luz apagada
que irradia tu dolor.

Tu Valle es un suspiro
que de tu llanto brota
y por el templo flota
tiñéndolo de paz;
que llena en su retiro
al que por un momento
ha buscado tu encuentro
a los pies de tu altar.

Tu Valle es escalera
que baja a nuestro encuentro
en el mágico tiempo
de luz primaveral,
y anuncia que la espera
del gozo ya se acaba
prendido en tu bajada
con aura celestial.

Tu Valle es a Sevilla
plañir de Jueves Santo
y ocaso de quebranto
que busca tu perfil.
Entre un mar de mantillas
reflejará sus celos,
el violeta del cielo,
postrándose ante Ti.

Noviembre macareno

 

Noviembre siempre es presagio

de un diciembre que te espera

para plantarse a Tu vera

entre Sentencia y Rosario.

Noviembre en el calendario

de esta grey macarena,

aunque de luto, es sin pena,

porque ya cuenta las horas

para que bajes, Señora,

a derramar Gracia plena.